La obra cinematográfica "Hamnet", dirigida por Chloé Zhao, no solo retrata el desgarro emocional de William Shakespeare y su consorte tras la pérdida de su vástago, sino que también resalta el papel devastador de la peste, una dolencia que ha cobrado incontables vidas a lo largo de los siglos. En una época desprovista de antibióticos, esta enfermedad se extendía sin control. Aunque en la actualidad Europa se mantiene libre de brotes y Estados Unidos registra casos esporádicos, la peste sigue siendo una preocupación en naciones como Madagascar, Perú y la República Democrática del Congo, donde se considera endémica.
La película, inspirada en la novela de Maggie O’Farrell y considerada una fuerte candidata para los próximos premios Óscar, narra un pasaje en el que una de las hijas de Shakespeare contrae la peste bubónica, caracterizada por la inflamación de los ganglios linfáticos. Trágicamente, su hermano Hamnet también se contagia y sucumbe a la enfermedad, mientras que su hermana logra sobrevivir. Este relato ficticio subraya la cruda realidad de una enfermedad que, antes del advenimiento de la medicina moderna, resultaba en una lotería mortal.
La bacteria responsable de la peste, conocida como Yersinia pestis, fue identificada por la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP) como el agente causal. En tiempos antiguos, los médicos solo podían describir sus síntomas, careciendo de tratamientos efectivos. Esta bacteria suele encontrarse en animales como ratas, ratones y conejos, que actúan como reservorios y transmiten la enfermedad a través de las picaduras de sus pulgas infectadas. Las ratas domésticas, en particular, eran y siguen siendo un vector peligroso para la transmisión a los humanos. La enfermedad se manifiesta en tres formas clínicas distintas.
La peste bubónica, la forma más común y la que afecta a los hijos de Shakespeare en la película, se caracteriza por su rápida progresión y la inflamación dolorosa de los ganglios linfáticos, conocidos como bubones. Estos suelen aparecer en la ingle, debido a que las picaduras de pulga son más frecuentes en las extremidades inferiores, aunque también pueden surgir en el cuello, como se observa en la representación cinematográfica. Sin una intervención médica oportuna, la peste bubónica puede ser fatal en cuestión de días. Otra manifestación es la peste septicémica, donde la bacteria invade el torrente sanguíneo sin causar inflamación ganglionar, pero provocando gangrena, un fenómeno que podría haber originado el término "muerte negra". La tercera forma es la peste neumónica, que se transmite por vía aérea y afecta directamente los pulmones. Esta variante es altamente contagiosa y tiene el potencial de desencadenar epidemias graves, especialmente si no se adoptan medidas de aislamiento. El manejo de cadáveres fue, en el pasado, una ruta común de contagio para esta forma de peste.
En la era moderna, la peste es tratable con antibióticos si se detecta y aborda a tiempo. Sin embargo, en el siglo XVI, durante la época de Hamnet, estos medicamentos eran inexistentes, y la supervivencia dependía exclusivamente de la resistencia inmunológica individual. Esta dependencia de la inmunidad natural explica por qué, en la ficción, la hermana de Hamnet, Judith, se recupera, mientras que él no. La historia está plagada de epidemias de peste, siendo la más notoria la que arrasó Europa, cobrando la vida de más de 50 millones de personas, según la Organización Mundial de la Salud. Ciudades como Venecia y Florencia implementaron "juntas de sanidad" para informar a la población y aplicar cuarentenas, medidas precursoras de las prácticas de salud pública actuales. Un ejemplo destacado fue la epidemia de 1348 en Génova, que se propagó por todo el continente, aunque no fue la única, sí fue la más mortífera.
Los médicos que atendían a los enfermos de peste adoptaron una vestimenta distintiva, incluyendo una máscara con una protuberancia en forma de pico. Se creía erróneamente que la enfermedad se transmitía por el mal olor, por lo que estas máscaras se rellenaban con hierbas aromáticas en el pico. Esta peculiar máscara, similar a las del carnaval veneciano, tiene en realidad un origen médico y no festivo. Afortunadamente, en la actualidad, no se han registrado casos de peste en Europa, y solo se han reportado casos aislados en los Estados Unidos. Entre 2010 y 2015, se notificaron 3248 casos a nivel mundial, con 584 decesos, siendo Madagascar, la República Democrática del Congo y Perú los países con mayor incidencia.